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martes, 18 de mayo de 2010

CUENTOS DE LA CRIPTA



Para contar esta anécdota debo trasladarme en tiempo y espacio al lugar de los hechos. Ni más ni menos que hace veinticinco años atras. El lugar geográfico es Rafael Calzada, al sur de la Provincia de Buenos Aires, pueblo donde vivo desde el momento que nací. El lugar exacto donde sucedieron los hechos: La Parroquia Santísima Trinidad -ese enorme convento que se puede ver en imágen-. Un enorme lugar perteneciente a la Diócesis de Lomas de Zamora. De la Congregación del Verbo Divino, creada por el hoy San Arnoldo Janssen (en el momento donde ocurrió esta historia Janssen era solo Beato, y los estudiantes lo llamábamos "El Beto". Dicho apodo surgió en la clase de Educación Cívica, donde el profesor nos comenzó enseñando el importante tema del "Veto" presidencial. Con be larga en vez de con ve corta, pero no dejaba de ser por los adolescentes un motivo para diversión, máxime que en casi todas las aulas, en ese momento, existía en un ángulo superior una repisa esquinero, donde existía un busto del Beato. El cual en las horas libres era motivo -cosa de chicos, desde ya- de colocarle sombreros hechos con papel, anteojos de sol, y hasta por alli corrió el rumor que un día el "beto" iba a aparecer con una barba hecha con barbas de choclo (o sea, de maíz). Dicha escalada de bromas terminó el día que el quinto año ganó un viaje a Bariloche en el programa de televisión "Felíz Domingo", y esos estudiantes, no tuvieron la mejor idea que el día previo al viaje sustraer todas las estatuas, llevarlas dentro del equipaje del grupo, y arrojarlas al Lago Nahuel Huapi, en la Provincia de Río Negro, (Patagonia Argentina, para aquellos que no son de aquí) que se calcula, tiene 5000 metros de profundidad. O sea, algo muy difícil de recuperar. Y asi fue como esos estantes esquineros quedaron vacíos, y así toda la posibilidad de realizar pequeñas bromas. Los de quinto batieron todos los records. Y nosotros estábamos apenas en segundo. Corría el año 1984.
Toma Aerea de la Parroquia Santísima Trinidad, Rafael Calzada, Buenos Aires, Argentina. Allí estudié entre 1976 a 1985
Al año siguiente volvimos a la escuela, pero el "beto" siguió ausente. Nunca más pusieron su busto en las aulas. Al menos que yo recuerde.

Cada materia, cada profesor, cada hora libre, cada recreo, era motivo de nuestra propia juventud para encontrar un motivo de diversión. De un colegio de varones, donde, al no haber niñas, o mujeres, existían códigos que no manejaban los colegios mixtos, y desde ya aqui tampoco los colegios mixtos manejaban los códigos existentes aquí. Por ejemplo, si existía un profesor que se enojaba con una u otra división por algo en particular, dentro del ataque de enojo -o de nervios-, se permitía esbozar insultos de cualquier especie. También los profesores fumaban. Y si algún alumno les explicaba que en lugares cerrados no se podía hacerlo, o simplemente que el cigarrillo hacía mal, ardía troya. Pero reitero, en los colegios mixtos estas cosas no sucedían, y eso lo comprobaría al año siguiente cuando emigré a un colegio inglés en Lomas de Zamora.
Retrato del entonces Beato Arnoldo Janssen -Hoy San Arnoldo-. Para nosotros "El Beto" cariñosamente.
Llegó la clase de biología y dentro del programa educativo para ese curso llegaba los huesos del ser humano. Y desde ya que cuando se hablaba de huesos, no sólo se trataba de esas clases donde se suele ver en los films de estudiantinas, donde despliegan en el pizarrón una lámina con el ya clásico esqueleto, o el típico esqueleto de plástico, que se ven en las comedias americanas cada vez que uno de los personajes van al médico. Aquí se estudiaban huesos con verdaderos huesos. Como decía un cómico mexicano: "con muertos defuntos que pasaron a mejor vida"...
Trajeron desde la sala de material didáctico la caja con huesos humanos -después muchos médicos cuentan las bromas pesadas que se hacían en la Facultad de Medicina, pero aquí se trataba de una escuela secundaria y del recordado "ciclo básico", es decir, de los primeros tres años sobre cinco de la carrera completa-. A partir de allí, la profesora hacía pasar a algunos alumnos, y les pedía que buscaran dentro de la caja tal o cual hueso. Y encima como vio la suciedad de los mismos, encomendó a dos alumnos para que "lavasen" esos huesos. Por un lado no sería tan malo, ya que los que tenían semejante misión no estudiarían el resto del día, argumentando esa delicada tarea, aunque la realizacen en solo cinco minutos, algo casi imposible por otro lado. Recuerdo que al primero que llamó fue a mi, y me dijo que sacara el cráneo. Luego, que consiguiera una mandíbula. Como siempre me ha gustado conseguir la risa de los demás, no se me ocurrió, una vez conseguida la mandíbula, "armar" esa parte del esqueleto tal cual un puzzle. Los chicos se reían, pero la profesora no me podía decir nada, ya que estaba demostrándole que sebía donde iba cada parte. Luego pasaron otros, que una vertebra, que la clavícula, etcétera. El dilema era que los huesos no eran de un solo muerto, razón por la cual no eran exactamente compatibles unos con otros. Me refiero a que, sencillamente, eran muertos de distintas estaturas. Terminó la clase. La profesora se va, y mientras empieza el recreo un par de alumnos debían llevar nuevamente la caja con los huesos a la sala de material didáctico (Entre nosotros, prefiero el material didáctico que existen hoy en los establecimientos educativos y no el de ese momento).
Por ahí a alguien del grupo se le ocurren LA IDEA. ¿Por qué no nos olvidamos la calavera en el aula y la ponemos en el estantecito donde estaba el "Beto"? Logicamente comenzó la psicósis colectiva y la tarea se desarrolló sin ninguna oposición. Era una genialidad poner un cráneo humano a tres metros de altura y observándonos a todos. Para lograr aún más altura, se consiguió un frasco gigante de esos que se usan en las escuelas para armar toda clase de terrarios, poner caracoles, hormigas, plantas, y que luego por falta del mantenimento de los interesados termina perdiéndose, o que también usaban nuestras madres para preparar esas riquísimas berenjenas en escabeche, y que una vez preparadas ellas las conservaban en esos grandes frascos. El único inconveniente de las berenjenas, era que a los tres meses, se podían seguir comiendo, pero nadie las podia pasar ya porque estaban hartos de todos los días comer lo mismo. Hoy las extrañamos pero en ese momento era otra historia.
La calavera salió de la caja, fue posada sobre el gran frasco y a su vez, este fue colocado sobre aquel estantecito, para así obtener sus "30 segundos de fama". Quiza, quien sabe, mayor fama de la obtenida por su propietario/a, en vida. Acto seguido, termina el recreo, pero la diversión recien comienza.
Llega la clase de Instrucción Cívica. Un experimentado y algo anciano profesor que no prestaba la atención de todos los detalles -para suerte y mayor diversión para nosotros-. Si nos prestaba atención no podia mirar el pizarrón y viceversa. O sea que la calavera era mirar para arriba a su derecha, o sea que era casi imposible que lo pudiera descubrir. El profesor nos comienza a hablar de la Constitución de la Nación Argentina -antes de la enmienda de 1994-, nos habla de que nuestra nación sostiene el culto Católico Apostólico Romano, de que todos somos iguales ante la Ley y ante Dios, y agrega que "toda clave de razón y de justicia está allí", queriendo señalar el crucifijo que estaba sobre el pizarrón, pero sin darse cuenta, lo que señala es la calavera que parece reirse con todo. Obviamente empieza una gran carcajada de nuestra parte, y el profesor, sin darse cuenta del "huesped" nos dice "¡A ver, señores, el próximo que se ríe lo voy a cagar a trompadas...! (recordamos una vez más que los códigos utilizados en estos colegios de un sólo sexo no eran iguales que en los colegios mixtos...por suerte, ahora cambió....son todos mixtos)
Sigue la clase...el profesor sigue sin percatarse del nuevo alumno...hasta que llega, al estilo de las sitcom americanas el secretario del colegio a saludar al profesor y a llevarse el libro de aulas...ya era el final de la jornada...se lleva el libro, sale del aula...entra al segundo con otra cara gritando "tercer año "A" se queda hoy después de hora...!!!"
El profesor aún seguía sin entender nada...
El secretario sin explicar lo que sucede, vuelve a salir...allí comienza el operativo de esconder todo tipo de pruebas...le hacen entender al profesor que algún malintencionado subió eso allí pero, que desde luego, nada que ver con nosotros...suben a buscar el cráneo, lo bajan y al minuto ya estaba otra vez en la caja de huesos en la sala de material didáctico. Se va el profesor pensando que se había solucionado todos los problemas del mundo, pero allí recién comenzaban, reingresa el secretario, y nosotros no nos movimos del lugar...ese día nos íbamos más tarde y lo único que perjudicábamos era al profesor que nos enseñaba mecanografía (ya ni se usa la máquina de escribir), y que nos estaba esperando en otro piso. Quién fue autor material del hecho (y por miedo a una sanción colectiva, se declaró culpable y le tocaron diez amonestaciones). Y allí se terminó todo. Me olvidaba que previo a ese final abrupto, en el colegio nos trataron de vándalos, de comunistas...
Sin embargo, quien tuvo la idea, o sea, el autor intelectual, quizá, quien pudo haber tenido la calavera en sus manos antes que nadie, nunca se supo quien fue...
Espero que no se hayan asustado con esta historia...