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sábado, 19 de febrero de 2011

CRONICA DE UN VIAJE DE EGRESADOS

Generalmente, cuando los adolescentes llegan al cuarto año de la escuela secundaria (o como lo llamen ahora, o las futuras reformas educativas), se observa como crece la inquietud por los chicos en ir a un viaje de egresados. Y al mismo tiempo, como comienza alrededor de estos chicos los entusiasmos -y también el oportunismo de algunos- en sacarles dinero en forma compulsiva prometiendo viajes. Todos los años vemos como en algunos programas de televisión como los chicos que terminan su escuela vulgarmente "se matan" por conseguir el ansiado viaje. Y también se sabe que no todos lo logran, o bien por cuestiones económicas, o bien porque los padres no les permiten esa travesía, eso debido a los negros antecedentes que guardan esta clase de viaje. Los excesos de alcohol, el descontrol, que muchas veces terminan en tragedia. Desde ya, con malas o buenas experiencias, aquellos que hemos tenido el privilegio de hacer dicho viaje, lo recordamos, para bien o para mal, pero aunque no digamos nada, siempre estara en un rincón de nuestro corazón.


Las fotografías de hoy las sacó Verónica Robledo, una compañera de secundaria, a quien se las he "sustraído" de su Facebook. Desde ya que nadie puede negar que el de la campera amarilla no sea yo. Sucede que la única foto que tenía de ese viaje, en la escalinata del Hotel Llao Llao -dicho sea de paso la sacó mi querida Verónica también-, con el correr de los años se ha estropeado, por un desafortunado accidente hogareño. Se había perdido el último vestigio de ese viaje de 1989...hasta ahora.

Recuerdo que llegamos a las instancias finales de ese viaje mientras nuestro país pasaba el peor momento de nuestra historia. Inflaciones de mas del 300 por ciento mensual, saqueos, escaladas incontenibles del Dólar sobre el alicaído peso argentino...el viaje se había abonado en su totalidad. Sin embargo la empresa Centur (aquella del programa "Feliz Domingo") presenta quiebra y para poder cumplir con ese viaje a quienes habían pagado les exige un plus especial, caso contrario el viaje no se podría realizar. Difícil tarea de cumplir en un difícil momento. Razón por la cual, más de uno de esa camada fue casi "con lo puesto" a dicho y paradisíaco lugar. Al año siguiente Centur se disuelve, pero lamentablemente todos los años existen empresas que se aprovechan de la situación de los egresados, sin que nadie pueda hacer algo al respecto.
De todos modos, existieron algunos recuerdos desopilantes en la travesía -que por todas las razones que enumeré, era mas riesgosa que el Rally Paris-Dakar. Y precisamente nace de los malos tratos popinados por los lugareños -de mayoría chilena- a mi grupo "por ser de Buenos Aires". Era gente que ostentaba en sus automotores la bandera de Chile dentro de un territorio Argentino, y se creían dueños de Bariloche. Fue allí donde comenzó a sonar nuestra gloriosa venganza. Y que se entienda que cuando digo que sonó, sonó en serio y en todo su detalle...
El tema comienza por nuestras necesidades, se comienzan los pequeños "robos", uno entraba a un negocio, pero acompañban cinco, uno compraba, y los otros se dedicaban a "picotear" aquello que tenían a la mano...TANTO HOMBRES COMO MUJERES! Era lógico que a medida que se iba tomando práctica y confianza en ese arte al llegar al hotel iban apareciendo en las habitaciones nuevas cosas que antes no estaban...yo recuerdo que hacía algo parecido a los magos. Nos llevaban para el almuerzo a un comedor que existía encima del Casino de Bariloche, y una vez que terminábamos de comer, los cuchillos, las cucharas o los tenedores los "guardaba" en las mangas de la campera...y desaparecían!!! Claro que también había otros que bajo la campera escondían platos, tazas y hasta la bandeja de acero inoxidable -de tamaño considerable-...y desde ya, eso sólo era lo que hacíamos desaparecer de alli..."las langostas" seguían  sueltas en Bariloche.
La batalla final se vivió en el Hotel...donde había alguno que otro que trabajaba allí de nacionalidad chilena. Allí aprendí que por una cuestión de idiosincracia, los chilenos suelen ser mucho más prepotentes que los de Buenos Aires...y hasta de los rosarinos...pero ellos se olvidaban que podrían ser mayoria en Bariloche, pero estaban jugando tanto de visitantes como nosotros....lo que se dice, estaban los bandos en un campo neutral...y estaban lejos de su "Santiago querido"...
Habíamos conseguido unas tres bandejas de acero inoxidable -las que servían para servir en el comedor arriba del casino-, y las mismas servian para servir comida, eran similares a las que llevan los mozos en un bar. Si las mismas caen al piso hacen un ruido ensordecedor. Imagínense si eso sucede en el pasillo de un hotel, supongan en el segundo piso y entrada la noche. El conserje del horario nocturno, un tremendo "rotito" subia con todas las municiones al segundo piso y cuando llegaba no encontraba absolutamente nada...el pasillo vacío y las habitaciones cerradas. Cuando el mismo, al estilo "Elliot Ness" quería comenzar a abrir las habitaciones...ZAS! Caía una segunda bandeja en el primer piso. Enloquecido como quien pierde la situación de control, bajaba desesperado al piso de abajo, donde encontraba nuevamente la misma situación anterior, y con más bronca intentaba realizar una requisa...hasta que una nueva bandeja hacía su estruendo en el tercer piso del hotel...eso sin agregar los reiterados robos de rollos de papel higiénico en el baño de la plata baja...debido a que nunca ponían papel en las habitaciones. Al menos las de los varones.
Nunca hablé antes de mi viaje de egresados, porque interpreté que hubo mejores momentos de mi vida...quizá mas risueños, o más alegres.
Hoy junto a estas fotos quiero compartirlo con ustedes...ojala les guste...